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Historia

LA FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD UNIÓN OBRERA (PRIMERA DENOMINACION DE LA USO)

Equipo de Historia de la USO, coordinado por Renán Vega Cantor de la Corporación Aury Sará Marrugo.

Las protestas de los trabajadores de la Tropical Oil company, en vista de las condiciones laborales y de vida imperantes en el enclave no se hicieron esperar. En un principio fueron espontáneas, individuales y desorganizadas. Las quejas se referían al pésimo estado de los campamentos, las continuas enfermedades, la inexistencia de hospital, la mala calidad de la alimentación y al mal trato a que eran sometidos los trabajadores colombianos por los capataces, que en su gran mayoría eran sus coterráneos. Algunas de esas quejas se hicieron oír tímidamente fuera del marco de la TROCO y de los límites de Barrancabermeja, porque fueron conocidas por personas que visitaban la región o difundidas por la prensa nacional. Sin embargo, entre 1922 y 1923 fue fundada en la clandestinidad La Sociedad Unión Obrera, el nombre originario de la Unión Sindical Obrera (USO). Su fundación debe ser relacionada con razones objetivas y subjetivas, que confluyeron en ese momento y la hicieron posible. Entre los factores objetivos se encontraban las pésimas condiciones materiales de vida y de trabajo que tenían que soportar los trabajadores (jornadas extenuantes, pésima alimentación, falta de hospitales y servicios médicos, entre las más evidentes), las cuales fueron evidentes desde el mismo momento de llegada de la Tropical Oil Company al Magdalena Medio en 1916, como en ese mismo año lo denunciaba el delegado del Ministro de Obras Públicas que visitó la región.

En ese informe se destacaba el maltrato que los empresarios y las propias autoridades colombianas dan a “nuestros infelices compatriotas que desgraciadamente se ven obligados a buscar trabajo en esa empresa”1. Ese maltrato era fomentado por los funcionarios estadounidenses de la TROCO:

“Ha llegado la altanería de algunos empleados americanos hasta el punto de que, en alguna ocasión, uno de ellos, Mr. W. H. Dawies, dijo que los colombianos no merecíamos otra cosa que ser esclavos. Humillante e hiriente frase que causo profunda indignación en el ánimo de algunos patriotas trabajadores que optaron por retirarse inmediatamente de aquella empresa”2. Esta actitud era secundada por las autoridades colombianas del lugar, para complacer a los nuevos amos de la región y también, desde luego, para obtener favores y prebendas, lo que tuvo como consecuencia que “la justicia está en aquel Corregimiento al arbitrio de autoridades sin escrúpulo, y que los habitantes no tienen el recurso de pedir amparo al respectivo  Alcalde  por  la  inmensa  distancia  que  de  él  los  separa  (3  días  de arrancabermeja a San Vicente, que es la cabecera del Municipio)”3.

Junto a las difíciles condiciones materiales en que se fueron formando los trabajadores asalariados en el enclave petrolero de la Tropical, deben destacarse los factores subjetivos que hacen posible la constitución de una embrionaria conciencia de clase, la cual sólo se adquiere y se consolida mediante la lucha contra la explotación y la opresión. Y en este plano, es notable constatar como desde los primeros momentos se fue gestando un sentimiento de dignidad y de justicia por parte de los trabajadores, puesto en evidencia desde los primeros momentos de la implantación del enclave. Es muy revelador constatar que desde 1916, en virtud de “los abusos que han cometido las autoridades colombianas de aquel lugar para complacer a los Empresarios, y que éstos recompensan por medio de sobresueldos”, “un grupo de honorables vecinos, inspirándose en sentimientos de humanidad y patriotismo, fundaran un periódico manuscrito, para censurar aquellos funestos procedimientos, a la vez que impulsar la prosperidad de su tierra”4. Este periódico hecho enteramente a mano, del cual solo se alcanzó a publicar un número, es un buen ejemplo de la dignidad que asumieron importantes sectores de trabajadores y de migrantes relacionados directamente con ellos. Ese periódico, del cual afortunadamente se ha conservado una copia, llevaba como nombre “El dedo en el ojo del” y se presentaba como un Semanario de Intereses Generales, trayendo además la ciudad y la fecha: Barrancabermeja, octubre 15 de 1916. Escrito a dos columnas y a mano, como muestra de las difíciles condiciones allí imperantes, donde es obvio que no debía existir nada que hiciera posible la publicación de un periódico “normal” (tipografías o cosas parecidas), es un interesante indicador de un sentimiento nacionalista y antiimperialista, pues allí puede leerse un comentario de esta índole:

Verdadera desgracia ha venido a este pueblo con esta compañía yanqui, pues donde quiera que se nombre (¿?) o se escuche ese nombre hace helar los corazones recordando los hechos consumados (en) 1903 en que la garra del Coloso del Norte hirió mortalmente nuestra patria. Ese recuerdo horrendo estará en la mente de cada colombiano hasta la tumba. La autoridad debe velar porque estos compromisos se hagan efectivos en el menor plazo posible para no vernos inundados(¿) periódicamente por esta raza absorvente (sic)5.

Como una muestra de lo que iba a venir en los años posteriores, indicando la intolerancia hacia todo intento de organizarse y protestar por parte de los trabajadores, “dicha hoja, fundada con fines tan laudables y nobles, no tuvo larga duración, porque tan pronto como apareció el primer número, se prohibió la publicación y circulación por medio de un Decreto dictado por el inspector y Corregidor. Tal medida fue puesta en práctica tan solo porque en el mencionado papel hay un sueldo (sic) tendiente a censurar la conducta de los Americanos”6.

También, desde luego, en la zona de Barrancabermeja incidieron los cambios políticos que se empezaron a dar en el país después de 1918, con la oleada de huelgas y de luchas sociales, que se expresaron en la fundación del Partido Socialista en Bogotá, que adquirió una notable fuerza en las riberas del río Magdalena, riberas en las que se empezó a escuchar una prédica social en la que se hablaba de terminar con la clerical y retardataria hegemonía conservadora.

En 1921 llegaron a Barrancabermeja Carlos Avendaño y Teodoro Lozano, enviados por el Comité Regional Socialista de Antioquia. Ellos intentaron organizar una marcha para el primero de mayo de ese año, exigiendo como primera reivindicación la destitución de un odiado capataz de la TROCO, Rafael Ariza, medida que fue respaldada ampliamente por los trabajadores. La respuesta de la Compañía fue negativa, argumentando que los delegados de los trabajadores no trabajaban con la empresa. Ante eso se intento organizar un paro, que fue rápidamente reprimido y los socialistas fueron expulsados de Barrancabermeja7.

Durante los primeros años, cuando las condiciones de organización, movilización y lucha por parte de los trabajadores eran tan complicados, la empresa y las autoridades locales optaron por la represión y la persecución de cualquier intento de protesta adelantado en la región. En estas condiciones, la protesta embrionaria de los trabajadores no era escuchada por la empresa, la cual no procedía a mejorar las condiciones de vida de la población obrera, sino que recurría a las fuerzas policiales para expulsar a las personas que protestaban catalogándolos como sujetos malsanos e indeseables. Así, en agosto de 1922, Martiniano Valbuena, Comisario de Policía, procedió a desterrar a José Calixto Mesa, por haber intentado organizar una huelga contra la TROCO, "determinando la pena de expulsión por el término de seis meses del territorio santandereano adyacente a las laderas del Magdalena y sobre el cual tiene jurisdicción esta Comisaría"8. Esto hizo parte de una serie de protestas en 1921 y 1922, lo que produjo pánico tanto a la empresa como a la policía nacional, el servicio de seguridad de la TROCO, que registraba con temor la llegada de "elementos socialistas". Aterrados los directivos de la empresa empezaban a escuchar discursos y proclamas en las que se convocaba a la resistencia obrera contra los desmanes de la empresa y se anunciaba una próxima huelga9.

Mahecha llegó en septiembre de 1922, e inició un trabajo de organización en la zona de colonización, desde donde empezó a extender su influencia hacia las cuadrillas de perforación de la Troco. Mahecha empezó organizando a los campesinos, para lo cual fundó una tienda, administrada por Jesús Piedrahita, en la cual los colonos compraban a bajo costo los artículos de primera necesidad. Estos campesinos fueron afiliados a una organización que Mahecha denominó La Sociedad Unión Obrera. Aunque todas estas actividades eran clandestinas, la Tropical las descubrió y valiéndose del recién llegado comisario de policía Martiniano Valbuena, desalojó violentamente a Jesús Piedrahita y decomisó los alimentos de la tienda10.

El 12 de febrero de 1923, en la clandestinidad se reunió la primera junta directiva de la Unión Obrera, a orillas de la quebrada La Putana. Entre las personas que se encontraban ese día estaban los dirigentes socialistas Manuel Francisco Hernández, José María Blanco, Pedro Sosa, Dionisio Vera, Juan F. Moreno, Víctor Pájaro, Alfredo Campos y Rozo Carrascal, uienes luego de distribuirse los cargos directivos declararon fundada la Sociedad Unión Obrera. Pese a que Mahecha sólo fue designado como su presidente hasta el año de 1924, era el nervio de la naciente organización de trabajadores. Para posibilitar el funcionamiento del naciente sindicato era necesario reunir recursos económicos, en razón de lo cual se aprobó una cuota de 10 centavos por afiliado, la cual empezó a ser cancelada por una importante cantidad de trabajadores, a pesar de que representaba un gran porcentaje de su salario. Según información de prensa, en 1923 el sindicato ya contaba con más de 400 colonos y 1500 afiliados, y un año después la cifra de afiliados llegaba a los 300011.

Era indudable que en el año de 1922 se había presentado un cambio significativo en las condiciones de organización y de lucha de los trabajadores petroleros, cuando llegó a la región el curtido líder obrero y popular Raúl Eduardo Mahecha, con experiencia de lucha en diversos lugares del país, en especial en los puertos del río Magdalena. En septiembre de ese año Mahecha se instaló como un inquilino más en una de las atiborradas casas de la población, ofreciendo sus servicios como abogado para solucionar todo tipo de pleitos, anunciando que sólo cobraba "honorarios para favorecer a los obreros"12.

NOTAS

1. Comunicación de Carlos Neira, AGN, MME, TOC. AGN, f. 196. 2. Ibíd., f. 196.

3. Ibíd., f. 198.

4. Ibíd., f. 197.

5. Anexo a la Comunicación de Carlos Neira, AGN, MME, TOC., f. 199.

6. Comunicación de Carlos Neira AGN, MME, TOC., f. 197.

7. Gustavo Almario, Historia de los trabajadores petroleros, CEDETRABAJO, Bogotá, 1984, p. 54.

8. AGN, FMG, S. 4, T. 156, f. 493.

9. AGN, FMG, S. 4, T. 156, f. 498.

10. G. Almario, op. cit., p. 56.

11. El Espectador, octubre 4 de 1924.

12. Propaganda de Mahecha como abogado en su periódico Vanguardia Obrera, octubre 2 de 1926, p. 5.

Espere la II parte.

Junta Directiva Nacional, USO.

Barrancabermeja, 19 de febrero de 2008

22 de Febrero Aniversario 85 de la USO.

5:30 am – Acto litúrgico – Puerta del Quemadero Complejo Industrial.

4:30 pm – 12:00 M -    Acto  Político  Cultural:

orquestas, tamboras, Rock, música Cubana, vallenato - Andrés Barros, Baladas, Pop, música andina, Porro, Danzas, merengue música colombiana.

Lugar:      Edificio de la USO.

LA HUELGA DE 1924 EN BARRANCA

Equipo de historia de la USO, coordinado por Renán Vega Cantor

Ante las continuas denuncias sobre las pésimas condiciones de vida de los trabajadores dadas a conocer por la Unión Obrera, el Ministro de Industrias, General Diógenes Reyes, insinuó a la TROCO que debía tomar medidas que atendieran los reclamos obreros. La actitud de Diógenes Reyes - quien, como luego se comprobaría, había aceptado un soborno de 10 mil dólares de la empresa petrolera-no se hacia ni mucho menos porque se hubiera conmovido por la explotación de los obreros colombianos, sino porque sencillamente pretendía, ante el peso que habían adquirido la Unión Obrera y Mahecha entre los trabajadores, extirpar el ideario político socialista y radical de la región. Por esta razón, el Ministro logró convencer a J. F. Lehan, Gerente de la TROCO para que se comprometiera mediante un pacto a poner en práctica algunas medidas correctivas a favor de los trabajadores. En el pacto, acordado en marzo de 1924, la compañía se comprometía a varias cosas: retirar a algunos capataces que vejaban a los trabajadores; designar personal medico en Infantas que atendiera a los obreros; abrir una oficina de reclamos; pagar semanalmente; construir un hospital con dotación adecuada; establecer un escalafón interno para los obreros; reconocer vacaciones anuales remuneradas; abrir escuelas para la educación de los obreros; mejorar la alimentación proporcionada a sus trabajadores, y construir nuevos campamentos.1

Sin embargo, la Gerencia de la TROCO nunca cumplió este acuerdo señalando que se había visto obligada a firmarlo por las presiones del Ministro, quien de manera imprudente lo había dado a conocer a través de la prensa nacional. Ante el evidente incumplimiento por parte de la empresa, los trabajadores, con Mahecha a la cabeza, no vieron más alternativa que organizar una huelga general. Los rumores de huelga empezaron poco después de la firma del pacto, cuando estaba claro que la compañía no aplicaría las cláusulas del acuerdo. Y también se preparaba la policía y los servicios de seguridad del Estado, como lo informaba el 11 de mayo el gobernador Emilio Pradilla al Ministro de Gobierno, señalando que estaba haciendo uso de toda la energía disponible para controlar el orden en el municipio, "donde existen fermentos disociadores y anárquicos permanentes, constituidos por población obrera flotante no aceptada por la Tropical o despedida por ella de sus talleres y campamentos. Entre estos muévanse agitados (sic) profesionales tales como Mahecha, cuyas diarias peroraciones han resuelto restringir (sic) las autoridades municipales en guarda orden público, y valiosísimos y delicados intereses industriales allí radicados"2.

Ante el incumplimiento del pacto de marzo por parte de la TROCO, el 5 de octubre de 1924 la Sociedad Unión Obrera dirigió al Gerente de la Compañía el pliego de peticiones elaborado por los trabajadores. En dicho pliego se solicitaba: cumplimiento del pacto firmado entre la TROCO y el Ministerio de Industrias del 29 de marzo de 1924; aumento diferencial de salarios de acuerdo a las labores desempeñadas por los trabajadores, así como el pago doble en días feriados y reconocimiento de horas extras nocturnas; retiro inmediato de ciertos empleados y celadores colombianos por ser los responsables de las divergencias entre los obreros y los jefes de la empresa; arreglo de los campamentos para que no se inundaran ni entraran los mosquitos que producen paludismo; permiso para leer la prensa nacional en los campamentos; mejoramiento de la alimentación diaria de los trabajadores y que las comidas fueran repartidas "sin la custodia de la policía nacional, como viene haciéndose, con lo cual se humilla al obrero colombiano y se le coloca como presidiario en los campamentos de la Empresa, que es algo así como una colonia penal y no una empresa petrolera"; y, por último, trato decente a los trabajadores colombianos por parte de los empleados de la compañía3. La respuesta inmediata de la compañía fue el despido de 100 trabajadores4 y la negación de estudiar el pliego, aduciendo que el sindicato no representaba a los trabajadores. De inmediato, el sindicato envió un telegrama al Ministro de Industrias, diciendo que la:

Tropical, por atemorizar obreros procedió a despedir cien. Resto indignado por felonía declaró huelga. En estos momentos ejércitos de obreros huelguistas recorren campamentos excitando compañeros. Ofrecemos prudencia y serenidad en acontecimientos, pero no cedemos un punto en pacto, que cumplirase fielmente. Extranjeros falaces búrlanse gobierno y continúan nefandos procederes. En nombre de tres mil obreros colombianos enviamos a su señoría nuestro abrazo de paz y justicia5.

El 9 de octubre, el sindicato le comunicaba a la gerencia de la empresa que, en concordancia con la Ley 21 de 1920, había nombrado tres delegados con el propósito de formalizar la huelga y de representar a los trabajadores ante la compañía. Nuevamente, el gerente de la TROCO se negó a recibir a los representantes obreros, a pesar de que la solicitud estuviera respaldada por 1.600 firmas. Este nuevo rechazo, motivó de inmediato la generalización de la primera huelga en la historia de la explotación petrolera en Colombia.

La huelga comenzó con la organización de manifestaciones por las calles de Barrancabermeja, en las que se destacaban las banderas rojas con tres ochos6, algo que poco se había visto en las movilizaciones obreras de la historia nacional, y que simbolizaban la lucha por ocho horas de trabajo, ocho horas de estudio y ocho horas de descanso. Los trabajadores desfilaban pacíficamente coreando consignas en contra de la empresa, abajos al imperialismo y vivas a su pliego de peticiones. Una de las consignas iniciales de la huelga fue la de "¡Trabajadores, hacia Puerto Wilches! ¡No más cadenas de la Tropical!", con lo que se quería dar a entender que los obreros estaban dispuestos a abandonar su trabajo en la TROCO para emplearse en el ferrocarril de Puerto Wilches, donde se pagaban salarios más altos.

Como la TROCO nunca había soportado una parálisis general de las actividades productivas ni un abandono masivo de los obreros de sus lugares de trabajo, comenzó a difundir calumnias sobre la huelga, señalando que se estaba presentando una especie de insurrección armada y así lo hizo saber tanto en los comunicados que dirigió a las autoridades colombianas como en los informes internos que enviaba a Toronto, su sede central7. Para una compañía omnipotente, que sobornaba, compraba conciencias y chantajeaba a políticos, embajadores colombianos en Estados Unidos, dirigentes de los dos partidos y hasta presidentes de la República, era prácticamente inaudito que una multitud compuesta de hombres y mujeres pobres y humildes se atrevieran a desafiarla. Tal conducta de los obreros colombianos era interpretada como algo francamente subversivo y revolucionario que no podía dejarse prosperar, sin considerar para nada las peticiones de los trabajadores. Eso era secundario, lo principal era haberse atrevido a cuestionar la autoridad del enclave imperialista por parte de colombianos anónimos y olvidados. Ese desafío había que contrarrestarlo con el uso de la fuerza, para lo cual la TROCO contaba con el apoyo incondicional de la policía colombiana. De ahí que, en los propios términos de la empresa, ésta se haya dirigido al Ministerio de Gobierno y no al de Industrias, "tratando el asunto, desde un principio, como una cuestión de orden público y en ningún momento como una verdadera disputa industrial". Además, recurrió a este funcionario porque no confiaba en el de Industrias, debido a su actuación en la firma del "pacto" de marzo de ese año8. Y eso que Diógenes Reyes había recibido sobornos de la TROCO y era uno de sus subalternos incondicionales, como se demostró a los pocos días del desenlace de la huelga.

Dada la fuerza que adquiría la huelga, el 10 de octubre el gerente de la TROCO le manifestaba al Ministro de Gobierno que dadas las "injustas pretensiones de los instigadores del movimiento... la compañía se verá en la necesidad de suspender sus labores por ahora y de no recibir en ellas sino a los obreros pacíficos, incapaces de sugestiones de gentes malsanas". Teniendo en cuenta la gravedad del asunto, solicitaba a la mayor brevedad posible que fuera "situada en Barrancabermeja la fuerza pública necesaria, a fin de que resulte eficaz la seguridad de todas las personas y bienes existentes en dicha población"9. Entre tanto, los huelguistas se habían organizado en la ciudad, solicitando ayuda de los comerciantes y solidaridad de toda la población, la que en su mayor parte les colaboraba, por sus vínculos directos o indirectos con ellos. El contingente de la policía nacional que se encontraba en la población mantuvo un límite de seguridad entre "la ciudad y la planta de la compañía", que era el único sector de la población con el que contaba la TROCO10. Incluso, el Jefe de la Policía Nacional en el municipio les manifestó a los huelguistas que para impedir cualquier acto de violencia "seguiría los pasos de los trabajadores a donde quiera que se dirigiera la multitud"11.

El 10 de octubre, el Ministro de Industrias le manifestó al gerente de la TROCO que aunque los "obreros se habían apartado algo de la ley... la empresa que usted representa no ha dado cumplimiento a todas las cláusulas del convenio del 29 de marzo, debiendo tener en cuenta que el gobierno por su parte, y como corresponde hacerlo, ha dado a la empresa amplia protección legal, protección que seguirá prestando, pero al mismo tiempo juzga que la Tropical está obligada a cumplir lo que prometió en relación con los obreros" 12. Esta actitud del Ministro de Industrias, aparentemente favorable a los trabajadores, se modificó a los dos días, cuando llegó al puerto y manifestó que los obreros estaban ejerciendo actos de violencia y se habían puesto fuera de la ley, amenazando a la población con revólveres y machetes13. Las afirmaciones del Ministro no hacían más que reproducir las manifestaciones calumniosas de la TROCO, que había estado provocando a los huelguistas mediante la organización de esquiroles que los amenazaban y disparaban sus revólveres como forma de intimidarlos14. Los trabajadores, previendo las provocaciones de la compañía, organizaron una "policía cívica", integrada por obreros y comerciantes del poblado, destinada a evitar los desmanes ocasionados tanto por los saboteadores al servicio de la empresa como de las fuerzas de policía.

Cuando Diógenes Reyes llegó a Barranca los trabajadores lo recibieron alborozados pensando que simpatizaba con la huelga, pero el funcionario simplemente manifestó que buscaría una pronta solución al conflicto. Al otro día, la empresa y el ministro se pusieron en contacto. La Gerencia de la TROCO fue renuente a llegar a algún acuerdo con los huelguistas, pero luego de muchas dilaciones firmó un nuevo pacto con el Ministro de Industrias que constaba de 13 puntos. En secreto, la compañía aseguró desde un principio que no lo iba a cumplir, ya que esas peticiones estaban siendo resueltas por su propia iniciativa, por lo que no le imponían ninguna nueva carga sustancial. Pero "la iniquidad de la cuestión consiste en el hecho de haber reducido a la forma de un contrato las medidas y planes voluntarios de la compañía, con miras al bienestar de sus empleados, estableciendo con esto un peligroso antecedente para una futura intervención gubernamental en los asuntos privados de la compañía"15. Lo que molestaba sobremanera a la TROCO era cualquier disposición, por mínima que fuera, del Estado colombiano de intervenir en sus asuntos, teniendo en cuenta que hasta ese momento siempre sus acciones se habían guiado por una lógica completamente contraria: la intervención abierta y descarada de la compañía en todos los asuntos estatales relacionados con sus intereses. Si esto lo venía haciendo desde años atrás, ¿por qué iba a aceptar cualquier mediación estatal que, por lo menos formalmente, no le fuera claramente favorable?

El gobierno conservador de Pedro Nel Ospina tenía sus propios intereses al intervenir en la huelga. No era que quisiera, ni mucho menos, terciar a favor de los obreros o defender los recursos naturales del país. Lo que pretendía era contener la influencia socialista entre los trabajadores petroleros, quitándoles independencia y radicalidad a sus protestas. Por este motivo, se hizo presente en el escenario de la huelga el propio Diógenes Reyes, quien llegó acompañado de Isidro Molina, representante de la Federación Obrera de Colombia. Este hecho incomodó al gerente de la TROCO, a pesar de que el Ministro le hubiera manifestado que Molina era "un buen elemento de la Federación", y había sido "uno de los primeros en tratar de excluir a Mahecha del reciente Congreso Obrero de Bogotá, que estaba ayudando a eliminar el elemento socialista; que aquí debía aparentar estar jugando el mismo juego de Mahecha para que éste no lo denunciara por el incidente de Bogotá y derrotara así su propósito, que era el de controlar, hasta donde fuera, la violencia de Mahecha. El Ministro dijo además que Molina instalaría aquí un sindicato sano para impedir que gente como Mahecha lograra alcanzar otras posiciones"16. La jugada del Ministro no podía ser entendida por la lógica cortoplacista de la empresa, a la que sólo le interesaba la resolución por la fuerza de la huelga. Y no era que el Estado no pensara en resolverla de esa forma, sino que creía que para llegar allá era necesario dar algunos rodeos, como los de atraer algunos obreros para agrietar la unidad de la huelga, aislar a los dirigentes más radicales, fraccionar al sindicato y luego culparlo por la represión desencadenada al no aceptar las condiciones impuestas.

El acuerdo nominal de 13 puntos consideraba las siguientes cuestiones: en cuanto a la destitución de empleados algunos ya habían salido de la empresa; un empleado colombiano vigilaría la calidad y cantidad de los alimentos; ese mismo empleado recogería las quejas de los trabajadores de las Infantas y se las transmitiría al Gerente de la compañía; se modernizarían los campamentos, mediante la construcción de equipamentos adecuados para proteger a los trabajadores de los mosquitos; se pagaría a los trabajadores cada semana o cada quince días, dependiendo de la distancia de los campamentos; se revelarían los nombres y puestos de los empleados que tendrían derecho a hospitalización en salas especiales de la empresa; los ascensos y promociones de los trabajadores se harían de acuerdo a los méritos y a la buena conducta; se construiría un club para empleados colombianos de segunda categoría; la compañía dejaba constancia que ya estaba concediendo vacaciones anuales remuneradas a ciertos empleados de segunda categoría; se establecerían clases nocturnas de inglés y de español para los trabajadores nacionales y extranjeros; el gerente se comprometía a presentar la cuestión del aumento de sueldo a la sede central de la compañía en Toronto; sería remunerado con un 50 por ciento adicional el trabajo en horas extras; y, por último, para reintegrarse al trabajo los obreros deberían pasar por la Oficina de Empleos de la Compañía, la que sólo aceptaría a aquellos que ya estuvieran bajo su servicio, con excepción de los que hubieran incurrido en actos punibles17. Este "acuerdo" fue firmado el 13 de enero por el Ministro de Industrias y por el Gerente de la Tropical.

A las 2 y 30 de la tarde del sábado 14, Diógenes Reyes dialogó con los dirigentes de la huelga, presentándoles el acuerdo, pero éstos rápidamente lo rechazaron, por considerarlo lesivo para los intereses obreros, como en efecto lo era, puesto que los puntos claves de las demandas de los trabajadores no eran resueltos, y todo el poder de decisión quedaba en manos de la empresa, la que, como ya se había demostrado, no era que cumpliera precisamente con su palabra. Incluso en el "acuerdo" quedaba estipulado el despido de trabajadores y no se consideraba el alza de salarios. El Ministro de industrias insistió en hablar con la masa de huelguistas para presentarles el "acuerdo", y fue en esta ocasión cuando Mahecha le señaló que él no se responsabilizaba por la suerte que aquél pudiera correr, luego de que los obreros conocieran los términos del pacto. Se dirigió a los trabajadores, siendo de inmediato abucheado y rechazadas sus invocaciones a la aceptación del

acuerdo firmado entre él y la TROCO. Pero, al mismo tiempo, había dispuesto que las fuerzas de seguridad se ubicaran estratégicamente, rodeando a los manifestantes por los cuatro costados. Inmediatamente después, cuando Mahecha empezó a hablar, se escucharon cargas de fusilería, disparadas con la clara intención de amedrentar a los huelguistas. Mahecha comprendió la táctica del funcionario oficial que estaba presentando la letra de un acuerdo desfavorable a los trabajadores pero bajo la presión de las armas para que fuera aceptado sin dilación. Inmediatamente, se dirigió a la multitud el representante de la Confederación Obrera Nacional (CON), Isidro Molina, quien había acompañado desde Bogotá al Ministro, instándolos a aceptar el acuerdo. Un sector de los trabajadores lo aplaudió y dio su aprobación. Al instante, Diogenes Reyes se retiró a organizar las tropas, ya que desde el medio día "había hecho un plan de defensa para el caso, entonces considerado muy posible, de que hubiera un grandísimo conflicto, porque de no ser aceptado por los obreros era el caso imperativo de hacer predominar el principio de autoridad y restablecer el orden en el puerto" 18.

Y la lógica represiva del gobierno, que ahora si concordaba por completo con la de la empresa, se impuso, pues apenas hubo terminado la huelga la policía empezó a controlar la entrada a los campos petroleros, entregando salvoconducto a los obreros admitidos y rechazando a unos 300 de entre ellos. Los obreros rechazaron inmediatamente estas acciones, se reorganizaron y otra vez el paro fue total. Luego de esto, la Sociedad Obrera convocó al alcalde del municipio a una reunión para discutir la situación, al cabo de la cual fueron detenidos en la mesa de conciliación nueve de los líderes de la huelga, entre ellos Raúl E. Mahecha, Escolástico Álvarez, Rafael Nieto y Francisco Barbosa19. Esta había sido una decisión tomada desde Bogotá, puesto que a su regreso Diógenes Reyes se reunió con el Ministro de Guerra y el 16 de octubre conjuntamente acordaron detener a los dirigentes de la huelga, empezando por Mahecha y expulsar a los trabajadores más beligerantes. Luego de la detención de los dirigentes de la huelga, el alcalde de Barranca comunicó que "la Tropical recibirá únicamente a los empleados que no hayan tomado parte en los movimientos recientes y que las autoridades han dispuesto lo necesario para hacer partir del puerto a los obreros encargados de la agitación" 20. El Alcalde no hablaba como la primera autoridad del municipio sino como un emisario de las órdenes de la TROCO.

La disposición de expulsar a los obreros más beligerantes se inició de inmediato, convirtiéndose en una verdadera cacería humana que se efectuó sin miramientos de ninguna especie. Mahecha fue sacado del puerto y conducido sucesivamente a distintas mazmorras del régimen conservador, en las que permaneció durante 13 meses. Entre 1200 y 1500 obreros fueron obligados a abandonar la región, en una muestra clara de ostracismo político para complacer a la compañía de los Estados Unidos, que desde comienzos de la década del veinte había insinuado esa posibilidad, en lo que coincidía con los jefes de policía que continuamente en sus informes anunciaban la necesidad de expulsar a todos aquellos, hombres y mujeres, peligrosos e indeseables21. Al parecer, 300 de esos trabajadores fueron expulsados del país, aunque fuesen colombianos de nacimiento22. Se demostraba el caso paradójico que en el reinado de la Tropical Oil Company, hasta cuyo nombre era extranjero, los colombianos pobres y humildes eran extrañados de su propia tierra, mientras que los estadounidenses eran bendecidos como los amos y señores de Barrancabermeja.

NOTAS

1. G. Almario, Hitoria de los trabajadores petroleros, CEDETRABAJO, Bogotá 1984 p. 59.

2. AGN, FMG. S. 1, T. 904, f. 370.

3. Germinal, octubre 3 de 1926, en AGN, FMG, S. 1, T. 943, f. 377.

4. "Oficio de Celerino Jiménez, jefe de la Sección de Policía de Barrancabermeja al Subdirector de la Policía Nacional", AGN, FMG, S. 1, T. 902, f. 263,

5. El Espectador, octubre 6 de 1924.

6. "Oficio de C. Jiménez....", f. 263.

7. Ver: "Informe de un funcionario norteamericano sobre la huelga de Barrancabermeja. 1924", en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Nos. 13-14, 1985-1986, pp. 319-333.

8. Ibid., p. 323.

9. AGN, FMG, S. 1, T, 911, f. 222 (fecha 10 de octubre)

10. "Informe de un funcionario norteamericano...", p. 324.

11. "Oficio de C. Jiménez...", f. 263.

12. El Espectador, octubre 11 de 1924.

13. El Espectador, octubre 13 de 1924. (Subrayado nuestro).

14. "Informe de un funcionario norteamericano...", p. 323.

15. "Informe de un funcionario norteamericano...", p. 326. (Subrayado nuestro).

16 . Ibid, p. 328.

17. Germinal, octubre 3 de 1926, en AGN, FMG, S1, T.,943, f.376.

18. El Espectador, octubre 13 de 1924. (Subrayado nuestro).

19. El Espectador, octubre 17 de 1924; El Tiempo, octubre 17 de 1924.

20. El Espectador, octubre 16 de 1924.

21. AGN, FMG, S. 1, T. 865, fs. 340-346; T. 866, f. 2.

22. Ver: María Tila Uribe, Los años escondidos. Sueños y rebeldías en los años veinte, Editorial CEREC, Bogotá, 1994, p. 102.

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UNION SINDICAL OBRERA -USO- 85 AÑOS DE HISTORIA, DE LUCHA, DE ORGANIZACIÓN Y MOVILIZACIÓN

UN PERSONAJE: RAUL EDUARDO MAHECHA, EL “TIPOGRAFO REBELDE”1

Equipo de historia de la USO, coordinado por Renán Vega Cantor de la Corporación Aury Sará Marrugo

Nació en 1884 en el Guamo (Tolima), siendo el mayor de una familia de cinco hijos. Sus padres eran Manuel Antonio Mahecha y Manuela Caycedo, siendo nieto del general José Ignacio Caicedo, figura del conservatismo en la segunda mitad del siglo XIX. Contando con escasos 11 años de edad huyó de su casa paterna e ingreso poco después, en 1899, a la artillería del Ejército, peleando a lado de las tropas del gobierno conservador durante la Guerra de los Mil Días (1899-1902), donde ascendió hasta el grado de capitán. Participó en el Batallón Colombia en Panamá durante los acontecimientos de la pérdida del Istmo en 1903, lugar donde se encontraba en ese momento. Inconforme con la decisión de esas tropas de no pelear para defender la soberanía colombiana, pidió la baja del Ejército y se alistó como voluntario en Barranquilla para alistarse en una expedición de colombianos que decidieron ir a luchar a Panamá para impedir su separación, bajo las órdenes de Diego A. Castro y Daniel Ortiz. Esa expedición fue un fracaso, porque muchos de los participantes murieron de hambre y de peste en el camino, más exactamente en Acandí y Titumate. Mahecha regresó a Cartagena en 1904 y se afilió a la Sociedad Obrera de Calamar. Este fue el comienzo de su lucha al lado de los trabajadores y pobres colombianos y de su continuo peregrinar por distintos lugares de la geografía nacional, principalmente del río Magdalena, de las regiones cafeteras del occidente y de la zona bananera del Magdalena.

Aunque Mahecha no había estudiado muchos años en la escuela formal, como autodidacto se formó leyendo libros de literatura universal, algunos de los cuales siempre cargaba consigo como El Quijote, Las Mil y Una Noche y obras de Víctor Hugo. Estos libros, cumpliendo una función social y política de tipo didáctico, eran empleados como instrumentos para convencer a los trabajadores de la necesidad de organizarse y luchar por sus derechos, ya que Mahecha les leía fragmentos de esas obras a las gentes con las que se reunía. Siempre llevaba consigo una imprenta portátil, cargada en una mula. Periodista infatigable, Mahecha publicaba periódicos populares con su imprenta portátil. Entre esos periódicos se destacaron El Baluarte (1918) y El Luchador (1919-1923), editados en Girardot y Medellín. Los artículos que escribía iban firmados con seudonimos, como los de Modesto Bueno, Han de Islandia o Miguel Strogoff. Entre los años de 1915 y 1916, Mahecha estuvo radicado en California (Estados Unidos).

Intelectual e ideológicamente Mahecha tuvo una rápida y profunda transformación, ya que evolucionó de conservador en su juventud, a una postura social-cristiana un poco después hasta una concepción comunista y revolucionaria en la década de 1920. Estos cambios no solamente estaban relacionados con las transformaciones ideológicas que se presentaban en esa época entre algunos sectores políticos y sociales de Colombia, sino con el compromiso práctico con las luchas de artesanos, campesinos y obreros, principalmente en los puertos del río Magdalena, como La Dorada, Honda, Girardot y Barrancabermeja. En la Dorada asesoró en 1922 la exitosa huelga de los trabajadores del ferrocarril.

A finales de la década de 1910 se instaló en Girardot, importante y combativo puerto sobre el Magdalena. Desde ese sitio se desplazaba por los cafetales de regiones próximas de Cundinamarca, Caldas y el Tolima. En su trabajo de agitación, educación y formación política, como nos recuerda Ignacio Torres Giraldo, Mahecha solía recurrir a trucos ingeniosos, a contar cuentos, historias de duendes y de hadas, con lo cual se familiarizaba con las creencias ancestrales de los habitantes ribereños. Al respecto en una ocasión señaló: “Para introducirme en la región cafetera tuve que ingeniarme y conquistarme la confianza de los obreros, contándoles primero cuentos de hadas -los cuales les gustan mucho- pero a través de esos cuentos les explicaba la situación en que vivían y los incitaba a la huelga. Hacía ese trabajo porque el pueblo es muy supersticioso y cree más en los cuentos de hadas que en otra cosa”2.

Mahecha llegó en septiembre de 1922 a Barrancabermeja, con el fin explicito de colaborar en la formación de un sindicato de los trabajadores petroleros del enclave de la TROCO.

Al respecto señaló: “Comenzamos a preparar espiritualmente a los trabajadores, valiéndonos del periódico Vanguardia Obrera que editábamos por medio de una imprenta volante de mi propiedad, que antes me proporcionaba los medios de vida, y luego de la huelga fue destruida y destrozada, lo mismo que mis muebles”. Se dio a la tarea de organizar a los pobladores de la región, empezando por los colonos y campesinos, a los que asesoró en algunos de sus conflictos con la TROCO. Luego contribuyó a organizar directamente a los trabajadores petroleros, para lo cual fundó Vanguardia Obrera y colaboraba en Germinal. En estos periódicos se empezaron a denunciar las iniquidades de la compañía y las desastrosas condiciones de vida de la población trabajadora. Con gran brío y constancia, Mahecha señalaba a la empresa, en complicidad con los gobernantes colombianos y las clases dominantes, como la responsable de las pésimas condiciones de vida de la población pobre. Por sus permanentes denuncias, la asesoría que les proporcionaba a los trabajadores y su entrega en las labores organizativas, soportó la calumnia por parte de la TROCO que siempre lo calificó como un ex presidiario que no merecía ser escuchado. A medida que el trabajo organizativo de Mahecha cosechaba frutos, siendo el más importante la fundación de la Unión Obrera, la compañía estadounidense empezó a presionar al gobierno para que lo persiguiera. Aquél tuvo que soportar amenazas, multas y luego prisión y ostracismo tras las huelgas de 1924 y 1927.

Como parte de su labor política en Barrancabermeja, Mahecha impulso la candidatura del obrero petrolero Florentino García Ortiz, con la suplencia de Escolástico Álvarez, para las elecciones al Consejo Municipal de octubre de 1923. En Barrancabermeja, como en todos los otros lugares, donde se radicó, Mahecha desempeñaba las más disímiles actividades, pero todas con el fin de educar políticamente a la gente humilde, para que ésta luchara por sus derechos: periodista, tinterillo, y hasta curandero y homeópata. Todo esto le permitía establecer contacto en forma directa con trabajadores, campesinos, colonos y comerciantes. Por ejemplo, cuando Mahecha llegó a Barrancabermeja tomo en arriendo un cuarto de una de las desvencijadas casas de la población, y desde allí ofrecía sus servicios como abogado en todo tipo de pleitos, anunciando que sólo cobraba "honorarios para favorecer a los obreros".

La labor de Mahecha en Barrancabermeja le dio dignidad y autoestima al obrero colombiano, que lo llevo a identificarse como un creador de valor cuyo trabajo enriquecía a la TROCO. Esta autoestima adquiría un carácter de reivindicación nacional ante la explotación a la que el imperialismo norteamericano sometía al país y a sus habitantes. La acción de Mahecha conjugaba, al mismo tiempo, la reivindicación del trabajo, obrero y campesino, como la lucha contra la dominación imperialista, aspectos que en el caso de la explotación petrolera estaban íntimamente ligados3. Esa abnegada actividad cotidiana de Mahecha en defensa de obreros, campesinos y comerciantes la hacia a nombre del socialismo. Esto lo llevó a convertirse en uno de los principales líderes del Partido Socialista Revolucionario, fundado en 1926. Mahecha fue el dirigente indiscutido del movimiento obrero en la zona petrolera de Barrancabermeja en la década de 1920, cuyas acciones más resonantes fueron las huelgas de 1924 y 1927. Durante las dos huelgas, Mahecha fue encarcelado. En 1924 fue sacado a la fuerza del puerto por las tropas del gobierno que lo condenaron a un ostracismo forzoso, al que sometieron también a 1500 trabajadores de la TROCO, con el fin de expulsar los sentimientos de lucha de la población trabajadora del enclave. En esta ocasión, Mahecha permaneció encarcelado durante 13 meses. En 1927 nuevamente fue capturado, junto a los principales organizadores de la huelga, y confinado en Tunja, donde se les sometió al terrible suplicio del cepo, como quedo registrado en una memorable fotografía de la época, e incluso en el camino hacia la cárcel se les quiso aplicar la ley de fuga.

En la memoria de los trabajadores de aquellos tiempos quedó el legado de la lucha infatigable de Mahecha, como lo evoca un obrero que participó en las primeras huelgas de los petroleros: “Por allá por 1922 empezamos a reunirnos en las casas con Raúl Eduardo Mahecha para ver cómo nos defendíamos; publicamos la Vanguardia Obrera, con la cual ganamos gente para fundar nuestro sindicato clandestino, que desde entonces se llama Unión Sindical Obrera. A los dos años ya estábamos peleando para que lo legalizaran y por un mejor pago del trabajo”4.

Luego de salir de la cárcel, Mahecha prosiguió con su actividad lejos de Barrancabermeja, a donde no podía acercarse. Se dirigió entonces hacia la zona bananera del Magdalena, donde ayudó a organizar la huelga de finales de 1928, la cual terminó con la masacre del 5 de diciembre y días subsiguientes en Ciénaga y otros lugares del emporio bananero de la United Fruit Company. Mahecha fue perseguido con saña por las tropas del general Carlos Cortes Vargas, carnicero de las bananeras, e incluso la prensa llegó a anunciar su captura y muerte en combate. Nada de eso era cierto, puesto que Mahecha, aprovechando su experiencia conspirativa y de lucha clandestina, logró huir, escondido en unos bultos de yuca que portaron unos pescadores hasta Barranquilla, desde donde luego paso a Cartagena y de ahí fuera del país. Estuvo como refugiado en Panamá, Uruguay, Argentina, Francia y la Unión Soviética. Participó como delegado por el Partido Socialista Revolucionario en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana de Buenos Aires en 1929, lugar desde donde denunció a nivel internacional la masacre de las bananeras y también participó en el Congreso Mundial Antiimperialista de Paris.

En 1930 regresó a Colombia, y cuatro años después contrajo matrimonio por lo civil con la profesora Filomena Sarmiento Rangel, con la cual tuvo tres hijos. En 1940, cuando tenía 56 años, murió en su humilde casa del Barrio Olaya de Bogotá.

NOTAS

1. Para redactar este esbozo biográfico de Raúl Eduardo Mahecha, aparte de las fuentes primaras citadas en este capítulo, nos hemos basado en los siguientes libros y artículos: Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes. Historia de la Rebeldía de las masas en Colombia, Tomo 4, Editorial Latina, Bogotá, 1978; Ignacio Torres Giraldo, María Cano: mujer rebelde, Ediciones de la Rosca, Bogotá, 1972; Renán Vega Cantor y Mario Aguilera Peña, Ideal democrático y revuelta popular. Bosquejo histórico de la mentalidad política popular en Colombia, ISMAC, Bogotá, 1992; José Yunis y Carlos Nicolás Hernández, Barrancabermeja: nacimiento de la clase obrera. Tres Culturas Editores, Bogotá 1986; Luz Angela Núñez Espinel, El obrero ilustrado. Prensa obrera y popular en Colombia 1909-1929, Universidad de los Andes, Bogotá, 2006.

2. Citado por I. Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo IV, op. cit.

3. José Yunis y Carlos Nicolás Hernández, op. cit. pp. 40 y 75.

4. Citado en Juan José Hoyos, “Recordando a Mahecha”, en El Colombiano, edición electrónica, elcolombiano.com/BancoConocimiento/R/recordando_a_mahecha/...

 

  

 

  

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